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martes, 29 de junio de 2010

EL ORIGEN DEL MIEDO

No es malo tener miedo a pesar de que nos han dicho desde pequeños que no hay que tenerlo, porque temer es una emoción que nos ayuda en circunstancias en que la prudencia es lo aconsejable.
El asunto es cómo lo manejamos.
Hay miedos útiles que nos preservan del león, las serpientes, de un puente en muy mal estado o de la luz roja.
Otros provienen de nuestro inconsciente y se convierten en fobias o en pánicos que no podemos manejar y que no suelen ser útiles en la vida cotidiana; otros nos llegan por costumbres sociales que nos hacen temer el exceso de comida o de bebida; otros por tradiciones familiares y el muy importante miedo a tener miedo.
"En el momento en que noto que aparece el miedo, en el mismo comienzo, ya tengo pánico. Enseguida pienso que va a acabar mal, que esta inquietud va a ir en aumento como la leche cuando hierve, que se va a salir y va a ensuciar todo lo que encuentre a su paso, que me voy a ahogar. Tengo miedo de tener miedo. Pero noto que mi miedo de mi miedo es como el fuego en la olla de mi leche y es el que propicia la catástrofe. Saberlo no evita que tenga pánico, que tenga miedo de morir, de volverme loco bajo el efecto del miedo....... tengo solo que calmarme".

Jerome Kagan ( Psicóloga)En sus estudios sobre el miedo dice:
"Hoy en día creemos que ciertas circunstancias pueden enseñarnos a ser fóbicos.Según parece, los cuatro grandes grupos de aprendizajes pueden facilitar la adquisición de un gran miedo.
-Los acontecimientos traumáticos-Haberse tenido que enfrentar personalmente a una amenaza o un peligro y recordarlo ( una agresión o un accidente).
-Los acontecimientos penosos y repetitivos-Soportar pequeños traumatismos de forma regular sin posibilidad de poderlos controlar (humllaciones, inseguridad).
-El aprendizaje social por imitación de modelos-Ver que alguien, suele ser uno de los progenitores, tienen mucho miedo a algo".
Cuando nos encontramos ante una situación de miedo nuestro cuerpo sufre una serie de cambios: el corazón palpita con más velocidad para enviar sangre a las extremidades y al cerebro, las pupilas se dilatan, y se producen tres hormonas: la adrenalina, la noradrenalina y los corticoides, también llamados hormonas del miedo. Los corticoides impiden que se produzca la conexión entre nuestras neuronas, la sinapsis, que como sabemos es la base de la creatividad. Por tanto, es biológicamente imposible que una persona sea capaz de desarrollar todo su potencial cuando vive en una situación constante de miedo. Se paraliza.
La cuestión central en este como en tantos otros asuntos, es cumplir dos pasos esenciales: descubrir que tenemos miedo y enfrentarlo.
El primer paso real es aceptar el miedo, es la mejor manera de empezar a perderlo. El peor miedo es el que tenemos escondido y si lo reconocemos y lo aceptamos, ese acto de serenidad ya nos distancia del miedo, porque serenidad y miedo son contradictorios.
¡Bien decía Nelson Mandela!:
"No es valiente quien no tiene miedo, sino quien sabe conquistarlo"

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